Nuestra ONG ―como representante de la Coordinadora Nacional de Protección Animal― estuvo en la Junta Departamental de Montevideo exponiendo ante la Comisión de Pirotecnia su postura favorable a erradicar la pirotecnia, tanto lumínica como sonora, en forma total, entendiendo, como un paso intermedio, la erradicación primero de la pirotecnia sonora. Entre las razones fundamentales que esgrimimos figuran las siguientes:
Los estruendos de la pirotecnia pueden resultar efectivamente un tormento para muchos individuos humanos, perteneciendo a los grupos de riesgo individuos que padecen trastornos del espectro autista o síndrome de Down así como también niños pequeños, adultos mayores o quienes se encuentran internados bajo anestesia.
En el caso de individuos humanos autistas, no todos perciben de la misma manera, lo que dificulta establecer, en decibeles, el umbral del dolor. Entre los efectos que causan, en este grupo, el uso de la pirotecnia figuran un elevado nivel de ansiedad y estrés, llantos descontrolados, gritos y, en algunos casos, situaciones de crisis, autolesiones o convulsiones.
El concepto de familia va evolucionando y es posible ya hablar de familia multiespecie, esto es, donde algunos de sus miembros son individuos no humanos. Afectarlos a ellos es afectar también a sus miembros humanos.
En el caso de individuos no humanos como los perros, se les causa dolor en 80 decibeles. Una conversación normal y una discusión algo vehemente rondan, respectivamente, los 60 y 70 decibeles. Las explosiones de la pirotecnia, los 160 decibeles. Entre los efectos que causan, en este grupo, el uso de la pirotecnia figuran intentos de huida, posibilidad de mordidas y accidentes que, en una cantidad de casos, resultan fatales, especialmente para perros en situación de calle. Se han observado también lesiones y muerte en individuos de otras especies animales como, p. ej., las aves, tras el uso de la pirotecnia.
Los compuestos químicos utilizados en la pirotecnia contaminan durante semanas el aire y los cursos de agua.
Dada que una regulación de la pirotecnia sonora no afectará positivamente ni a la fauna silvestre ni al ambiente, dada la dificultad de establecer un límite de decibeles que no afecte a individuos de los grupos de riesgo señalados y dada la dificultad, en el supuesto de haberse podido establecer ese límite, de fiscalizar luego su cumplimiento, es que vemos más consistente --ya no solo por razones morales sino pragmáticas-- una prohibición general, y no una regulación, de la pirotecnia. Ante la eventual objeción que una prohibición no va a garantizar tampoco una erradicación total de la misma se responde que al menos seguro ella brindará un muy superior número de inspectores que, además de ser honorarios, permitirá identificar una mayor cantidad de actos de pirotecnia para ser denunciados y por tanto de poder exigir que el Estado actúe en un mayor número de casos, tal como está aconteciendo con una prohibición, y no una regulación, de las carreras de galgos.